Aún así, aún tenia fuerzas para jugar con sus hermanos, que lo aceptaron enseguida, pero con reservas, claro, como buenos felinos que son.
Vino con un hambre.... se comía hasta las piedras del arenero, había que estar vigilándolo constantemente, porque no era plan que se pusiese malito del estómago también.
Así que se comía su pienso de cachorro, y el de adulto de sus hermanos, luchaba por sus latitas, y a día de hoy, aún come más rápido que los demás, y aunque parece más delgado que sus hermanos, es un poquitín más alto que ellos, y pesa 6 kilos.
Si a Ozzy ya lo disfruté poquito, a McClane ya... menos si cabe, está todo el día jugando con sus hermanos, luchando, adiestrándolos para la caza.
Cuando caza algún pajarito despistado, me lo ofrece como ofrenda, y yo lo acepto gustosa (y en cuanto se da la vuelta, va a la basura!)
Es muy cariñoso también, pero sobre todo por las mañanas y ya al final de la tarde, que empieza a ronronear y a rondarme como un poseso hasta que lo achucho, pero el resto del día, está jugando con sus hermanos a pillar, o molestándolos si no tienen ganas de jugar.
Es un encanto, y la vida me puso enmedio este diablillo dulzón, que me alegra la vida y la de los mios todos los dias del mundo.
Te quiero Maki!!

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